La propuesta Wiñaq Muhu/Semillas que crecen en la comunidad

Enfoque:

El enfoque de la propuesta tiene dos ejes principales: La educación por el arte y la interculturalidad.

El arte permite que el niño se conozca así mismo,  conozca a los demás y su entorno, que se exprese con libertad y autenticidad, desarrollando su creatividad y sensibilidad. El arte, en sus diferentes lenguajes y manifestaciones, favorece el pensamiento crítico, el pensamiento holístico, la socialización, la conciencia del cuerpo, del tiempo y del espacio y  es un modo ideal para favorecer la identidad personal y cultural así como para promover el diálogo intercultural.

El enfoque intercultural promueve que se parta de la investigación de la cultura local y se dé una apertura al acercamiento y valoración de otras culturas. En los niños pequeños significa sentar las bases de actitudes interculturales.

Marco:

Las propuestas de Warmayllu en general y por ende la propuesta Wiñaq, en particular,  se enmarca en una educación humanista y creativa que reconoce y valora profundamente las diferentes expresiones culturales de nuestros pueblos, incorporándolas de manera integral en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Promovemos una educación que percibe a  los niños y niñas como seres únicos que forman parte de una colectividad con determinadas características, por ende con potencialidades particulares. Creemos que el propósito de la vida es la felicidad entonces éste debe ser también el propósito de la educación.

Asumimos también que el niño es protagonista de sus aprendizajes y  que los  construye a partir de la relación con sus experiencias previas y con los adultos y otros niños de su entorno (Piaget, Ausebel, Vigotzki). Así mismo, acogemos  la noción de inteligencias múltiples y de creatividad en distintos ámbitos que Gardner (2000) propugna. En ello se valoriza otros tipos de inteligencia tan importantes como la inteligencia lógica: la inteligencia interpersonal, kinestésica, musical, espacial, etc., en las que la intuición, la percepción y  el goce estético cobran relevancia.

Junto con Herbert Read, ratificamos la convicción de que el arte debe ser la base fundamental de la educación (Read, 1960) y emprendemos un camino para que los niños y niñas gocen de sus múltiples beneficios, ya demostrados en experiencias a lo largo del mundo como en las propuestas Reggio Emillia y  Waldorf, entre otros. Desde la convicción de la necesidad de una educación contextualizada y que tome como punto de partida la cultura local nos alimentamos de los postulados de los maestros peruanos José María Arguedas y José Antonio Encinas, que abrieron las puertas de la valoración de lo nuestro en la educación peruana. Con relación al papel del arte en la educación y el modo de favorecer los aprendizajes específicos de sus diversos lenguajes suscribimos las ideas de Efland (2003), Arnheim (1980) y Martínez (2004), entre otros, que reconocen la importancia de favorecer los procesos de simbolización en la primera infancia así como la necesidad de dar al arte mayor cabida en los programas curriculares apuntando tanto a sus objetivos específicos como a la transversalidad del arte en la educación.

Así también, es fundamental en nuestra propuesta la necesidad de comprender el mundo andino desde otro paradigma en el que el ser humano se integra con el universo en un todo que sigue otras nociones de tiempo y espacio (PRATEC, 2006). Los niños y niñas con los que trabajamos forma parte de esa realidad. Por último nuestras ansias porque la diversidad cultural de nuestro país sea reconocida, valorada y promovida, sin jerarquías entre culturas, sino con equidad, nos llevan a asumir un enfoque intercultural para toda nuestra labor. Nos adherimos a ello en el marco de las declaraciones internacionales de la UNESCO  y nos adherimos también al ímpetu por demostrar que el arte y la cultura son valiosísimos en la construcción de una sociedad nueva, siendo necesario incidir en políticas locales, regionales y nacionales como se menciona en la declaración de la conferencia de la Unesco en el congreso mundial de Educación por el arte, 2006. “Aplaudimos las decisiones de los gobiernos del mundo de colocar en el centro de sus agendas las reformas educativas y el desarrollo cultural. Sin embargo sabemos que no siempre hay voluntad política y profesional para integrar las artes en una efectiva “educación para todos”, como instrumentos vitales para aprender derechos humanos, responsabilidad ciudadana e inclusive democracia”[1].

Asumimos una concepción de educación liberadora en la que nadie educa a nadie sino que todos nos educamos entre sí  (Freire, 1970), reconociendo que los niños y sus familias tienen muchos saberes y que la “enseñanza” no debe darse en un solo sentido, sino que estamos llamados a educarnos en el intercambio y la convivencia.

En este camino y reconociendo las potencialidades del arte para lograr estos fines, coincidimos plenamente con Imanol Agirre en su enunciado “El objetivo de la educación artística debería consistir en extraer en cada lectura de un ‘otro’ un mejor ‘yo’, y, por tanto un ‘yo más permeable al “otro’(…) De tal modo que, cuanto más ricas y variadas sean nuestras referencias, mejores seremos y mayor será nuestra sensibilidad ante la humillación para evitar ejercerla[2]. Creemos que estas ideas resumen el poder que el arte puede tener en la formación del ser humano y reconocemos con el pensador francés Edgar Morin en que debemos estar preparados para la incertidumbre, debemos hacer simbiosis con lo mejor de nuestras culturas, y debemos reconocer que el amor es la energía más poderosa para la transformación[3] (Morin, 2009).

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